Algunos países cambian la hora dos veces al año con la promesa de ahorrar luz solar, pero ¿tiene sentido seguir manteniendo este ritual?
¿acaso vivimos atrapados en un horario que ya no responde ni al sol, ni a nuestras costumbres?
hoy vamos a viajar hasta los tiempos del Lejano Oeste para conocer una historia, bastante turbia por cierto, sobre cómo hemos llegado a esta situación que tenemos hoy en día, para comprender que, tal vez, ha llegado el momento de cambiarla.
Antes de los nobiles, antes de los relojes de pulsera, antes incluso de que tu abuelo dijera "en mis tiempos todo esto era campo", había una autoridad absoluta.
Y no, no era franco, era "el sol".
Estamos en pleno siglo XIX: la conquista del Oeste está teniendo lugar, mientras en Europa comienza a definirse una burguesía acomodada.
La mayoría de actividades comerciales de los pueblos de esta época eran agrícolas o canaderas.
La población vivía una vida sencilla, muy conectada al campo.
En esta época, el tiempo, aparte de vivirse de forma diferente por el estilo de vida que llevaban, también se medía de forma diferente.
Cuando el sol estaba justo en el cenit eran las doce, y a partir de ahí se definían el resto de horas.