Ferrari, Maserati, Pavarotti, Botura... Reducir Modena un puñado de apellidos no hace justicia a la riqueza de esta ciudad.
Resumirla en unos minutos incluso centrándonos en su gastronomía es todo un reto.
Aun así, vamos a intentarlo.
Empezamos el día con un café, como debe ser.
Dicen que el mejor de la ciudad se sirven el café del oroloyo.
Pedí un cappuccino y estaba muy rico.
Lo sirven con una galletita incluida.
De allí a la pastelería San Biagio, donde llevan más de cien años elaborando dulces de todo tipo.
Me llamaron la atención los estrapoles.
Una masa fina, aromatizada con licor sasolino, típica de Carnaval.
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