Un libro creado hace más de seis siglos, páginas de pergamino cubiertas por una escritura que nadie ha conseguido leer, acompañada de dibujos que parecen sacados de otro mundo, plantas que no encajan con ninguna especie conocida, diagramas circulares que recuerdan a mapas del cielo y figuras humanas dentro de estructuras que no sabemos cómo interpretar.
Todo eso existe de verdad y está reunido en un solo objeto: el manuscrito Boynich.
Desde que se dio a conocer a principios del siglo veinte, expertos de distinto campo han intentado entenderlo.
Lingüistas, historiadores, matemáticos y especialistas en códigos han estudiado sus páginas buscando una clave que permita descifrarlo.
Hasta hoy no existe una traducción aceptada ni una explicación que resulte convincente.
Lo inquietante no es sólo que no podamos leerlo: todo indica que fue escrito siguiendo un sistema coherente que tenía sentido para quien lo creó.
Los símbolos se repiten con regularidad y el conjunto transmite la sensación de estar cuidadosamente organizado.
Lo que se ha perdido no es el orden del texto, sino su significado.
Esa distancia entre un libro que en su momento fue compresible y nuestra incapacidad actual para entenderlo, es lo que mantiene vivo el misterio del manuscrito Boynich.
La historia moderna del manuscrito Boynich empieza en 1912 y la verdad parece casi el inicio de una película ese año el anticuario y librero de origen polaco Wilfrid Boynich viajó a Italia con la idea de comprar manuscritos antiguos para su negocio No era ningún novato.
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