植物的神奇比例 La espiral de Fibonacci es más especial de lo que parece | La matemática del número áureo

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Esta planta ha resuelto un problema de teoría de números.

Su respuesta: ciento treinta y siete coma cinco grados.

Veréis, cada una de sus hojas está separada del anterior por un ángulo de ciento treinta y siete coma cinco grados, con una precisión asombrosa.

Y no es la única planta que ha llegado a esta conclusión: los girasoles o las piñas también forman espirales con el mismo ángulo.

Es más, en 1992 se recopiló la información de más de seiscientas cincuenta especies de plantas, y en más del noventa por ciento de los casos, el ángulo de las espirales era el mismo: ciento treinta y siete coma cinco.

Este es el famoso ángulo de oro, un ángulo con un valor muy preciso capaz de generar las espirales más comunes del mundo vegetal.

Si dibujas puntos en el plano, separando cada uno del anterior por el ángulo de oro, el resultado será un diseño que reparte las semillas de forma equilibrada, un patrón que observamos en muchas plantas, y que agrupa las semillas en brazos espirales, que coinciden con la sucesión de Fibonacci.

Además, este diseño es muy sensible a los cambios: si el ángulo fuera medio grado más pequeño o medio grado más grande, la espiral no sería tan uniforme, aparecerían brazos más evidentes y zonas vacías.

El secreto de este ángulo está en el número aurio, un número esencial en la naturaleza relacionado con la serie de Fibonacci y con propiedades que harían llorar al mismísimo Gauss.

No, no, para, para.

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