Es la medianoche del dieciséis de septiembre de dos mil diecisiete, a sesenta kilómetros de la costa búlgara, y dos kilómetros bajo la superficie del mar Negro.
Un vehículo operado remotamente inspecciona el fondo marino, transmitiendo video a los investigadores mientras avanza.
De repente, distingue otro buque fantasmal en la oscuridad, pero esta es una reliquia de otra época.
Es un naufragio indudablemente antiguo, pero su mástil, los bancos de remo y parte de su cubierta superior permanecen extrañamente intactos.
Podría ser un barco romano antiguo, pero su apariencia no coincide del todo.
Notablemente, su pala del timón extendida se asemeja más a aquellas dibujadas en un jarrón griego aún más antiguo.
Para obtener una respuesta definitiva, el equipo toma tres muestras del naufragio, y la datación por radiocarbono confirma su origen antiguo.
El barco data de entre el año trescientos cincuenta y cuatrocientos diez antes de Cristo.
Este es, de hecho, el naufragio intacto más antiguo jamás descubierto.
Este antiguo buque griego atravesó las costas del mar Negro durante la época de Aristóteles y desde entonces ha permanecido en sus profundidades sin ser visto ni alterado por casi dos mil quinientos años.